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26 enero 2007

¿Por qué sube la tarifa eléctrica?

Esto de la tarifa eléctrica debiera ser una cosa fácil. Las empresas para suministrar electricidad incurren en los costes de reforzar, mantener y operar las redes, que están regulados por el Gobierno. Además, hay otros costes regulados para promover las energías renovables, apoyar al carbón nacional o pagar el coste de la operación del sistema o de la Comisión Nacional de Energía. A lo anterior hay que añadir el precio de la energía, que de acuerdo a la Ley del Sector Eléctrico de 1997 se determina en un mercado mayorista en competencia. Para establecer la tarifa de 2007 al Gobierno le tocaría estimar el monto del citado precio y de los costes regulados para el próximo año y sumar. Así de sencillo. Como dice el Libro Blanco de la electricidad, "la tarifa no se fija, se calcula". ¿Por qué tanto alboroto cada año en diciembre con la tarifa? ¿Por qué, me preguntan los amigos, dicen que tiene que subir tanto si les va tan bien a las eléctricas?

Primera complicación: Desde hace media docena de años la tarifa eléctrica no se calcula de la forma sencilla que marca la Ley del Sector Eléctrico. Como el precio del mercado mayorista no es de fiar, el Gobierno decidió calcular la tarifa fijando de antemano el valor máximo que este precio podría alcanzar, con independencia de que el verdadero precio del mercado superase este límite. Cuando en los años 2000, 2001, 2002, 2005 y ahora en 2006, el precio del mercado superó el valor prefijado por el Gobierno, se ocasionó un déficit -el déficit tarifario-, pues la recaudación de tarifa no alcanzaba a pagar el precio del mercado que, fiable o no la, Ley del Sector Eléctrico establece que hay que pagar a las empresas eléctricas.

¿Qué ha pasado con el déficit tarifario de los años pasados y qué va a pasar con el de 2006? Que el Gobierno, como no puede ser de otra manera pues lo establece la ley, ha reconocido el derecho de las empresas a percibirlo. Y las empresas ya lo han cobrado, de bancos que han adelantado el dinero. ¿Quién paga el déficit acumulado? Los consumidores, por supuesto. Así lo estipulan los decretos de tarifas de los años citados.

Ahora bien, para evitar subidas bruscas en las tarifas, iremos pagando el déficit de los años 2000, 2001 y 2002 en cómodos plazos de 10 años y el de 2005 -nada menos que 3800 millones de euros- en 14 años. Así pues, la modesta subida de tarifas de los años anteriores ha venido acompañada de asumir la deuda de pagar a plazos el déficit tarifario en los 14 próximos años.

¿Qué va a pasar con la tarifa de 2007? El nuevo equipo del Ministerio de Industria ha pretendido aplicar subidas más drásticas, para que en unos pocos años la tarifa alcance a pagar los verdaderos costes y deje de acumularse más déficit tarifario -en 2006 se ha incrementado en una cuantía semejante a la del 2005-.

Esto es, para que se pueda volver a calcular la tarifa de la forma lógica y sencilla que anteriormente se expuso y cada año los consumidores percibamos el verdadero precio de nuestro consumo, no un precio ficticio o desfasado, para adaptar nuestra demanda correspondientemente. Es de agradecer que finalmente alguien trate de acabar con tanto despropósito, aunque parece que, al menos temporalmente, se va a malograr este empeño en instancias superiores. De todas formas es un tanto irrelevante cuánto suba la tarifa para el año 2007. Lo que no suba ahora será deuda que pagaremos más adelante y que, mientras siga el déficit tarifario, irá creciendo de año en año. La subida real del 2006, y también previsiblemente la del 2007, es superior al 20%. Sabiendo esto, son sorprendentes las recientes declaraciones de políticos de distinto signo sobre la subida del recibo de la luz.

Segunda complicación: ¿Por qué ha de haber una tarifa regulada si existe un mercado eléctrico y los consumidores pueden ahora comprar a cualquier suministrador? La tarifa regulada es un mecanismo de uso opcional para la protección de los consumidores, en especial de los pequeños para facilitar que dispongan siempre de una opción de compra no abusiva. Pero en el mercado español la tarifa regulada es actualmente un cómodo refugio donde el precio de la energía está por debajo del precio del mercado, así que todos los consumidores están abandonando en masa el mercado para refugiarse en la tarifa. La tarifa regulada española compite deslealmente con el mercado eléctrico y lo liquida en la práctica.

Tercera complicación: ¿Tendría que subir tanto la tarifa si el mercado mayorista fuese verdaderamente competitivo? La Ley del Sector Eléctrico fija que la tarifa ha de incorporar el precio de mercado de la energía. Si este precio sube porque lo hace el de los combustibles, o porque hay sequía o porque hay que pagar por las emisiones de CO2, la subida debe repercutirse en la tarifa. Estas son las reglas del juego en un mercado y el Gobierno no debiera intervenir, a no ser que quisiera cambiar la ley y adoptar otro modelo regulatorio.

Otra cosa es que el precio del mercado haya sido de fiar o se espere que lo sea en el futuro. Posiblemente no se haya apartado mucho, de momento, de valores correctos en competencia. Y otro factor más a considerar, que parece caer cada vez más en el olvido, es si el Gobierno ha acertado en dar con una solución equilibrada entre los consumidores, que acabarán pagando toda la energía al precio de mercado y las empresas productoras, con costes medios inferiores a este precio, en parte porque muchas de sus plantas fueron construidas bajo el anterior marco regulatorio basado en la remuneración de costes incurridos, que han sido o serán en breve pagadas en su totalidad por los consumidores, y que van a disfrutar durante décadas de una retribución a precios de mercado.

Finalmente, si el origen del problema está en que el Gobierno ha evitado reflejar en la tarifa un precio no fiable del mercado, ¿por qué no se empieza por arreglar ese mercado para que sea fiable? Aquí nos topamos con la teoría de los campeones nacionales y los afanes de algunos por concentrar aún más un sector ya bien concentrado. El Libro Blanco propuso un paquete de medidas mitigadoras para este problema, algunas de las cuales parece que podrían ser aplicadas en breve. Felizmente son las propias empresas eléctricas españolas -algunas antes, otras más recientemente- quienes nos están mostrando el verdadero, y obvio, camino adelante: crecer fuera.

José Ignacio Pérez Arriaga es profesor de ICAI, miembro de la Real Academia de Ingeniería y director del Libro Blanco sobre la Electricidad.