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12 noviembre 2006

Aprender de los errores

Primero

Conozcamos las reacciones menos convenientes ante el error:
  • La consideración sistemática, en ocasiones de forma patológica, de ser responsable de todos los errores que se cometen desemboca en profundos sentimientos de culpabilidad y poca autoestima.
  • La creencia de que son los demás quienes tienen la culpa de los errores significa no hacerse responsable de los actos.
  • La negación del error nos separa de la realidad y puede llevarnos a perder las riendas de la vida.

Segundo

Preguntémonos el por qué del fracaso.
  • Un fracaso se puede producir por errores de cálculo en las propias pretensiones: se esperaba tener más capacidad de la real para conseguir la meta.
  • Puede no haberse previsto dificultades en el entorno que podían obstaculizar los logros.
  • Otras personas pueden intervenir de forma deliberada para que el fracaso se produzca.
  • O el fracaso es una sensación personal, producto de la convicción íntima y secreta de que uno se ha decepcionado a sí mismo.

Tercero

Aprendamos a gestionar en el ámbito social el propio fracaso.
  • Si se oculta, conviene que seamos conscientes de que es una reacción típica de defensa. Quiere evitarse que los demás conozcan los puntos débiles.
  • Si se exhibe, se busca compasión. La ostentación de los errores es una fórmula de seducir a los otros.
  • Si se comunican, se busca aceptación y ayuda.

A la larga, son mejor consideradas aquellas personas que no han tenido ningún inconveniente en reconocer públicamente sus fracasos y puntos débiles cuando esa manifestación se ha hecho de manera equilibrada: sin esconderlo y sin presumir.

Cuarto

Interioricemos los fracasos como parte esencial y necesaria del proceso de evolución personal.
  • Ante un fracaso, el lamento es comprensible, pero después conviene reflexionar por qué se ha producido y qué consecuencias está teniendo en nuestra vida. A partir de ahí, se pueden buscar las soluciones y las alternativas.
  • Hay que reivindicar los errores y los fracasos como un derecho del ser humano y como elementos necesarios para el aprendizaje.
  • Conviene adquirir el hábito de hacer autoevaluaciones frecuentes sobre la propia vida para valorar con justicia no sólo nuestros fracasos, sino también los logros. El recuento con éstos es un factor que ayuda a compensar las desilusiones.
  • Es recomendable buscar una adecuación justa entre el concepto que se tiene de uno mismo y lo que uno realmente es. Para realizar ese ejercicio suele ser conveniente contrastar los puntos de vista propios con los de alguna persona cercana o con la intervención de un profesional adecuado.
  • Cuando la sensación de fracaso es reiterada, global y tan profunda que sume a la persona en la depresión y la falta de ilusión por vivir, conviene buscar la ayuda de profesionales de la psicología.