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28 noviembre 2006

La red, la ley y la lógica

Por un lado, el portal y buscador chino Baidu es absuelto en una demanda que lo enfrentaba a siete compañías discográficas (entre ellas, las cuatro grandes: EMI, Sony BMG, Universal y Warner), que lo habían denunciado por ofrecer descargas ilegales cuando, en realidad, lo único que ofrecían eran vínculos a archivos de terceros ajenos a ellos.

Por otro, el Tribunal Supremo del Estado de California ha acordado por unanimidad que un sitio web no podrá ser perseguido por textos introducidos en él por terceras partes, y que únicamente podrán ser consideradas responsables y, si procede, perseguidas, dichas terceras partes.

Ambas noticias marcan, por fin, la llegada del sentido común a un mundo como Internet, en el que la novedad de muchos comportamientos y la velocidad con la que algunas veces ocurren dejaba en ocasiones fuera de juego a unos jueces interesadamente influenciados por el criterio de quienes pretendían arrimar el ascua a su sardina mediante interpretaciones imposibles de leyes que no podían, ni debían, ser aplicadas a este tipo de escenarios.

Aquí en España, la revisión de sentencias absolutamente aberrantes como la de la Sociedad General de Autores (SGAE) contra la Asociación de Internautas, en las que el demandante pretendía hacer responsable al demandado por algo que unos terceros habían incluido en un dominio administrado por éste, ya han sido admitidas por el fiscal y redirigidas al Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas.

De haber sido fallados en sentido contrario, estos casos podrían haber supuesto un freno brutal contra, por ejemplo, el sector de los buscadores en su conjunto. O, sin ir más lejos, contra la posibilidad de las personas de mantener una página web personal sin miedo a que alguien pueda venir y hacerles responsables por algo que un tercero dijo en ella. En la distorsionada y absurda visión de los demandantes y (afortunadamente) perdedores, bastaría con que un sitio dijese algo que no les interesase para, de manera automática, ponerlo fuera de combate mediante un procedimiento tan sencillo como dirigirse a él y verter amenazas o injurias contra algo o alguien protegidos por el correspondiente anonimato, para posteriormente obtener una captura de pantalla y reclamar una suspensión o una serie de daños y perjuicios.

Cuando todo un Tribunal Supremo del Estado de California decide por unanimidad, o cuando obtenemos inequívoca prueba de que esto "lo saben hasta los chinos" (con perdón y respeto para los chinos por utilizar esa frase hecha tan típicamente española), es que algo, decididamente, está cambiando. En la red, como en todo, acabarán imperando la lógica y el sentido común. Que, como algunos se empeñan en demostrar, resulta ser en muchas ocasiones el menos común de los sentidos.