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07 enero 2007

Israel planea un ataque nuclear contra las centrales de Irán, dice 'Sunday Times'

El primer ministro judío no comenta tal posibilidad, sujeta a la evolución de la vía diplomática El dominical del 'Times' detalla en su información incluso los objetivos y las rutas a utilizar

El mismo dominical británico que en 1986 revelara el potencial atómico del país judío apoyándose en los datos sobre el reactor de Dimona facilitados por el técnico Mordejai Vanunu, que fue por ello raptado por el Mossad y condenado a 18 años de cárcel. Y que ayer difundía con abrumador lujo de detalles los presuntos preparativos del Ejecutivo de Israel para borrar del mapa la infraestructura madre del programa nuclear iraní, incluidos los objetivos concretos, rutas previstas, armas a utilizar, su alcance y consecuencias, amén de pormenores altamente comprometedores sobre las tareas de entrenamiento de los dos escuadrones llamados a ejecutar el bombardeo. Que, según el diario, han llevado a varios pilotos de la Aviación hebrea a viajar a Gibraltar en las últimas semanas para adiestrarse en el vuelo de ida y vuelta de más de 3.200 kilómetros en que consistiría la misión.

«Tan pronto como se reciba la luz verde, se lanzará la misión, que destruirá el proyecto nuclear iraní», reproduce el periódico de Londres, citando palabras de una fuente israelí, que explica que la operación se dirigiría contra la central de Natanz -220 kilómetros al sudoeste de Teherán, donde se acumulan miles de centrifugadoras para el enriquecimiento de uranio-, la planta de conversión de Isfahan y el reactor de agua pesada de Arak.

Describiendo hasta tres itinerarios alternativos, que siempre evitan los espacios aéreos de Siria e Irak. Haciendo uso primero de bombas convencionales guiadas por láser, que se encargarían de abrir túneles por los que inmediatamente después se enviarían bombas nucleares con una fuerza equivalente a la quinta parte de la arrojada en 1945 contra Hiroshima, capaces de provocar explosiones «limpias» en profundidad, decenas de metros bajo tierra, que reducirían el riesgo de un escape radiactivo a la atmósfera.

La calculada declaración del portavoz de Exteriores, Mark Regev, sin negación clara de la existencia de este plan y en inquietante condicional -«si la diplomacia tiene éxito, el problema se puede resolver pacíficamente»-, reforzaba la interpretación de los analistas militares que sostienen que el borrador secreto podría haber sido filtrado a la prensa directamente para persuadir a Teherán o para crear un clima de opinión ante la que se avecina. O incluso con el fin de presionar a Estados Unidos para que se decida a actuar contra el Gobierno fundamentalista de Ahmadineyad, que ayer reiteraba a través de su ministro Mohammad Ali Hosseini la ya recurrente fórmula de que cualquier acción contra Irán «no se quedará sin respuesta, y el invasor se arrepentirá de ello de inmediato»