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11 mayo 2007

Chantaje puro y duro - Conthe muere matando

En su comparecencia del pasado 24 de abril en el Congreso, el entonces presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), Manuel Conthe, dijo sobre presuntas presiones recibidas: "He dicho que no en muchos casos que me conste, pero en algunos casos que sí me constan directamente, y en uno en concreto que se produjo el año 2005, hubo una relación muy directa entre la Oficina Económica del presidente del Gobierno y el vicepresidente de la CNMV por un tema relacionado con la CNMV. Me parece que esa relación directa que se produjo inicialmente a mis espaldas y al margen de la CNMV no fue apropiada y es precisamente a ese supuesto al que prioritariamente me refería en este contexto, en el que también, dicho sea de paso, estuvo involucrado un profesional de un medio de comunicación en una triangulación un poco perturbadora".

Como quiera que dicha afirmación pasara inadvertida, el lunes 7, durante la toma de posesión del nuevo presidente de la CNMV, Julio Segura, y tras leer el texto en el que su sucesor le llamaba "majadero", Conthe fue más lejos que en el Congreso y puso nombre y apellido: el caso FG Valores o BBVA. No sin un temblor en los labios y una voz quebradiza, explicó que el vicepresidente Carlos Arenillas le citó en su casa -enero de 2005- para mostrarle un informe sobre presuntas irregularidades en la venta de la sociedad FG Valores a Merrill Lynch. El informe procedía, según su "evidencia directa", de la Oficina Económica del Presidente. Pedro Solbes al comentar estos hechos señaló el pasado martes "que no era un informe oficial de la oficina del presidente", sino "unos papeles que llegan y que de forma informal se hacen llegar al vicepresidente de la CNMV". Poco después intentó matizar pero lo esencial es esto: "Lo único que sé es que se presentó un documento ante la CNMV".

Solbes tiene razón: no era ningún informe oficial. La Oficina Económica del Presidente tuvo en su poder, según fuentes consultadas, un juego de cartas y documentos que la empresa Merrill Lynch entregó a un miembro de la CNMV, Ramiro Martínez Pardo, entonces jefe de Sujetos del Mercado, el 25 de julio de 1996. Allí se denunciaba la existencia de un esquema de compraventas ficticias para ocultar pérdidas de 800 millones de pesetas en las sociedades FG Sociedad de Valores y Bolsa, y FG Gestión, propiedad de Francisco González, que en julio de 1996 era ya presidente de Argentaria por nombramiento del Gobierno de José María Aznar. Merrill Lynch replanteó la compra de esas sociedades y para cubrirse las espaldas dejó por escrito el así llamado esquema de ocultación. Sólo que en lugar de entregar el sobre en el registro de entradas de la CNMV se lo entregó en mano a Martínez Pardo. Fue el último rastro de esos documentos. Ya nunca más aparecieron.

Hasta el mes de enero de 2005. En el contexto de la batalla por el control accionarial de BBVA lanzado por Sacyr, los citados documentos resucitaron. Por supuesto que su filtración no tenía nada de candor. "Pero, ¿es que todas las demás filtraciones son candorosas? Si lo fueran, ¿por qué la Securities and Exchange Commission norteamericana otorga especial atención al whistleblower [chivato], esto es, recomienda a las empresas que cuenten con chivatazos de dentro de la compañía que tienen en el punto de mira? Muchas compañías utilizan los servicios de agencias de detectives famosas estilo Jules Kroll", dijo ayer a este periódico el consejero de una importante compañía financiera española.

Conthe abrió un expediente, confirmó que los documentos no estaban en los archivos de la CNMV y cerró en tres días su presunta investigación. Algunos de sus predecesores, a los que interrogó, advirtieron, según fuentes consultadas, que el entonces presidente de la CNMV y su asesor jurídico lo tenían claro antes de partir: no había caso. En realidad, parecían los abogados de aquel que presuntamente era acusado de cometer las irregularidades en 1996. Y, cómo no, en el camino de cerrar el caso, Conthe acusó a un medio de comunicación de tenderle una trampa. Ahora, dos años y medio más tarde, Conthe ha divulgado su investigación: también el vicepresidente de la CNMV estaba en el complot que, según dijo, en la época, él resolvió estupendamente. "No ha habido presión. Me siento totalmente independiente", dijo, y añadió que eso no había existido en otras etapas de la CNMV, aludiendo al Partido Popular.

Por supuesto, en esta historieta de la CNMV todos tienen su parte estelar. Miguel Sebastián aconsejando a Conthe que ingrese en el PP; Julio Segura llamándole majadero; la rivalidad entre La Oficina -que debería cuidar sus actividades o, si cabe, someterse a alguna regulación- y el vicepresidente Pedro Solbes; en fin, ha habido codazos para llegar a ser el campeón de la incompetencia. Es el fantasma de la autodestrucción que suele cebarse con José Luis Rodríguez Zapatero.

Pero la conducta de Conthe ha sido muy clara: advirtió a Arenillas que debía dimitir. Al fracasar su chantaje terso y elegante, ahora ha ido al escándalo. Debía investigar discretamente el caso en 2005 como todo supervisor, pero no quiso hacerlo y culpó al mensajero. Y ahí sigue. Como dice el viejo proverbio chino: "Cuando el sabio señala la Luna, el tonto mira el dedo".