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29 mayo 2007

ACS y Sacyr, los magos de la autocartera, sacan jugo millonario a sus acciones

La autocartera es la despensa de acciones propias que tiene una compañía para los usos más variopintos. Estabilizar la acción, planes de recompra y amortización, dar entrada o salida a determinados accionistas... y obtener millones y millones de euros con estas operaciones. Los magos por excelencia de este tipo de juegos son Florentino Pérez y Luis del Rivero, que han generado una parte nada desdeñable del beneficio de ACS y Sacyr por este concepto.

Sacyr Vallehermoso logró 106 millones de euros en 2006 procedentes de sus operaciones con la autocartera: ni más ni menos que el equivalente un 20% de su resultado neto anual. Luis del Rivero y Manuel Manrique, presidente y CEO, llevan la voz cantante en esta materia, ya que tienen responsabilidad directa de la política de autocartera de la compañía. Se da la circunstancia también que la constructora dio entrada en su capital a Mutua Madrileña -en 2005 lo hizo con Caixa Galicia- traspasándole su autocartera. Poco después entró en Repsol.

Quizá el inspirador de Del Rivero sea su ex compañero de Junta en el Real Madrid, Florentino Pérez. Al menos por trayectoria en los últimos años, ACS merece el honor de ser el gran jugador en este deporte. En 2004 formalizó hasta 91 variaciones significativas de autocartera, que le reportaron un beneficio de 29 millones de euros. En 2005 elevó su resultado invirtiendo en sus propias acciones hasta los 44,8 millones de euros y en 2006 obtuvo algo más de 25 millones.

El manejo de las propias acciones se ha convertido en tal negocio que ha llevado a muchas cotizadas a generar estos extras de forma habitual. No obstante, este dinero no va a resultado neto, sino contra reservas de capital, con lo que pueden reducir su deuda financiera. El atractivo y la tentación de hacerlo es alta. Acciona sueña con ello: pese a que consiguió tan sólo 570.000 euros por la compra y venta de sus propios títulos anotó 570 millones de euros en su informe anual de gobierno corporativo. Tan sólo una errata... O un sueño.

Ganar dinero con la compra y venta de acciones propias parece, a priori, poco meritorio para una empresa. No tiene truco. El equipo gestor conoce en tiempo real cuál es el estado del negocio, los proyectos en curso, las pros, los contras... De ahí que sea una actividad que deba ser regulada, limitada y estrechamente vigilada. Las normas actuales de no superar el 5%, comunicar acumulaciones superiores al 1% (que no las ventas) y detallar su uso en el informe anual parecen, cuando menos, vagas. Los abusos pueden ser notables, al igual que los beneficios. ¿O no?