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08 junio 2007

Montebalito mon amour, otro melodrama más en el sector del ladrillo

Extraño caso el de Montebalito. Ejemplo de tiempos no muy lejanos que ya no van a volver. Que lo que antes era palabra de fe ahora es escepticismo cruel. Un trece por ciento de caída en el último mes y manteniendo a duras penas los 17 euros cuando no hace tanto llegó a alcanzar casi los treinta. ¡Oh, casualidad de casualidades! Justo entonces, cuando se encontraba en medio de su ampliación de capital, y había codazos por entrar a un descuento que sólo se mencionaba en los corrillos de confianza. Ahora se empeñan en calentarla hablando de ofertas a precios inimaginables. Pero no se dan cuenta que ya está ardiendo. Y si te queman las alas, difícil será que puedas volar.

Montebalito es una compañía atípica como prueba el hecho de que, teniendo gran parte de su estructura operativa en Madrid, mantiene, por motivos fiscales, el domicilio social en Canarias. Su contenido se basa en cuatro pilares principales: la promoción, el patrimonio en renta, las renovables y la actividad financiera pura y dura. Teniendo en cuenta el sector en el que los índices la catalogan cabría pensar que el peso de las dos primeras actividades determinan gran parte del contenido de las cifras de la compañía. ¡Ah amigo! La lógica para los filósofos. No es así.

Si uno recorre la CNMV en busca de los últimos datos de resultados, hecho relevante del 10 de mayo de 2007, se dará cuenta de que lo que está adquiriendo a través de la compra de acciones de Montebalito no es una inmobiliaria al uso sino una especie de propietary trader que se dedica, a través de operaciones financieras, a la rentabilización de la tesorería de la firma que es la que da el grueso de los beneficios. De hecho, la suma de liquidez en efectivo y en inversiones financieras temporales se dispara a 31 de marzo hasta los 90 millones de euros gracias a los 50 millones más de la reciente ampliación de capital. Casi nada. Desde ese punto de vista, no parece que haya que confiar en el negocio, sino en el gestor.

Y Montebalito es su primer accionista, José Alberto Barreras Barreras, el hombre meta –Metainversión, Metagestión, la desapercibida Metafilatel- que lo mismo detenta participaciones de cierta relevancia en Pescanova y Urbis como que se mete en una Española de Zinc cuyo futuro no es ya ni inmobiliario dada la contaminación del suelo donde descansa su actividad productiva. Una persona lista y hecha a sí misma que se mueve en los resquicios del mercado aprovechando sus oportunidades. Y que no admite sombras a su lado. Su último intento por profesionalizar la gestión ha muerto poco después de nacer. El hecho de que el nuevo consejero delegado de la sociedad sea su financiero de toda la vida, da mucho que pensar, especialmente cuando el equipo gestor ‘latente’ ha sido el verdadero artífice del plan de negocio que respaldaba la ampliación de capital.

Esto es Montebalito, una compañía cuya cifra de negocios en el primer trimestre del año ha sido ridícula (lo que se dice vender, han vendido seis pisos de una promoción) y cuyo futuro descansa en los extraordinarios no recurrentes (venta de su cartera de edificios en París), en desarrollos promocionales cuyos resultados aún no están confirmados para 2007 y que llegan en un momento del ciclo cuando menos dudoso, en un megaproyecto fotovoltaico en el que esperemos que la entidad financiadora ponga los puntos sobre las íes si es que no hay un desacuerdo previo y, sobre todo, en la capacidad de la compañía de sacar plumas a sus activos financieros. Ustedes mismos. ¿Los treinta euros? Bueno. Cantemos con Alberto Cortez: “Y construyó castillos en el aire.../ a pleno sol, en nubes de algodón/ en un lugar a donde nunca nadie/ pudo llegar usando la razón”.