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27 agosto 2007

China, el gigante que revolucionará los mercados financieros

Y China derribó la Gran Muralla. Prepárense. Porque lo que va a acontecer en los próximos años va a ser una revolución en los mercados financieros que va a convertir el potencial económico de aquél país, -que se ha situado, de facto, como tercera potencia mundial-, en una máquina inversora sin precedentes en la Historia de la Humanidad. Los primeros pasos ya han sido dados. No lo duden. El futuro es amarillo. Al menos en lo que al negocio bursátil se refiere.

En una decisión sin precedentes, el lunes pasado China abrió sus fronteras al capital doméstico para que pueda invertir en las bolsas internacionales. Sus más de mil millones de habitantes podrán sacar su dinero fuera del territorio nacional y colocarlo en el resto del mundo. Un proyecto piloto reducido, de momento, a acciones de la bolsa de Hong Kong y a cuentas abiertas en el Bank of China de la ciudad de Tianjin –situada al norte del país-. Pero que, como señalaba el Financial Times, en su editorial del jueves, va más allá: “es de extraordinaria importancia y, a largo plazo, cambiará el mundo financiero global”.

Un pequeño paso para el mercado local pero un gran salto para las bolsas mundiales, se podría afirmar, parafraseando a Neil Amstrong en su llegada a la luna. Y es que la medida puede suponer una revolución en el modo de gestionar sus finanzas por parte de los ciudadanos chinos, hasta ahora centradas en los depósitos bancarios y en una bolsa local que lleva una revalorización del 88% en lo que va de 2007 gracias a su aislamiento respecto a los acontecimientos internacionales.

Según los analistas de JP Morgan Securities, la progresiva eliminación de barreras podría conducir a una salida inicial de 200.000 millones de dólares, un 15% de la capitalización española y un 10% del total del dinero mantenido por los chinos en productos asimilados a los depósitos bancarios.

Lucha contra la inflación y la apreciación de la moneda

Varias son las razones que han llevado al Partido Comunista a tomar esta decisión. En primer lugar, las medidas adoptadas para reducir el exceso de liquidez en el que nada la economía china, entre ellas varias subidas de los tipos de interés como la materializada la semana pasada, habrían sido ineficaces para controlar un entorno local cada vez más inflacionario en un momento en el que el consumo doméstico aún no ha despertado. Permitiendo al capital local salir al extranjero, los gobernantes creen poder influir negativamente en la masa monetaria en circulación, ayudando a controlar el tensionamiento de los precios, en máximos de 10 años tras situarse en julio en el 5.6%

Igualmente, y a través del mecanismo de cambio, las autoridades monetarias locales perseguirían quitar presión a la moneda, el reminbi, de tal forma que puedan mantener el control efectivo sobre la divisa, que se ha convertido en una de las bases de su competitividad internacional y cuya apreciación, que este año alcanza ya el 5%, se busca realizar de forma controlada. De ahí que el programa piloto rompa con la barrera de compra-venta de 50.000 dólares a los que los ciudadanos chinos estaban limitados hasta ahora. Resulta prioritario dar salida al flujo de liquidez que el ingente superávit comercial atrae al país.

En una interpretación que va más allá de lo aparente, Frank Gong, Economista Jefe de JP Morgan en China, ha señalado que “no es accidental que la medida coincida con la crisis de los mercados a nivel global. Beijing quiere que sus ciudadanos se beneficien de los atractivos precios a nivel internacional” y, evitar así, de paso, una espiral de precios similar a la que la burbuja japonesa causara a finales de los 80.

Hong Kong, el principal beneficiado

“El impacto del dinero chino en la bolsa de Hong Kong puede crecer dramáticamente” asegura en Financial Times Vincent Chan, analista de Credit Suisse con sede en esta ciudad. “Va a cambiar de forma fundamental la dinámica del mercado de acciones, si estas medidas son adoptadas en su totalidad”. Prueba de ello son las espectaculares subidas de la bolsa de la excolonia a lo largo de la semana pasada.

Y es que, a su condición de destino único inicial de las salidas de dinero aprobadas por las autoridades chinas, se une una doble característica que hacen de la Bolsa de Hong Kong un lugar paradisíaco para que los chinos puedan invertir: su conocimiento de las compañías que en ella cotizan y, sobre todo, los precios a los que lo hacen. En efecto: al menos 42 compañías cotizan tanto localmente como en Hong Kong, lo que ayuda a su familiaridad entre los inversores locales. Y lo hacen a un descuento medio superior al 50% que, ajustado por la posible apreciación a futuro de la divisa, supone un margen de rentabilidad muy atractivo.

Ante el volumen de negocio que la medida puede suponer, no es de extrañar que, en un comunicado, la Bolsa de Hong Kong reconociera que “desde este mercado creemos contar con instrumentos de inversión suficientemente atractivos para los ciudadanos chinos, vehículos que permitirán ajustar los diferenciales de precios entre las bolsas de uno y otro lado”.

Claro que muchos analistas se preguntan si el ajuste no tendrá que venir por un mercado local que cotiza a 60 veces beneficios (algunas compañías han superado el PER 1000) y que acaba de romper los 5.000 puntos cuando cotizaba a menos de 2.000 en noviembre. Porque esa parece, de momento, la única realidad clara: burbuja en el mercado de acciones acompañada de burbuja inmobiliaria financiada de una forma que ríanse del subprime. Vuelve el espíritu olímpico. ¿Les suena?