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07 noviembre 2006

Aeropuertos: queremos su dinero en nombre de la seguridad

- La línea Ryanair, por ejemplo, cobra un extra por cada maleta facturada, y otro extra más si no has avisado previamente de que ibas a facturar esos X equipajes. Estas normas van a causar, casualmente, un gran número de bultos facturados… por sorpresa.

- Sólo se puede acudir con productos de higiene, pero no con bebidas: Tras tanta pelea judicial en la que la justicia probó que los pasajeros pueden subir su propia bebida y no estar expuestos a los precios abusivos –por falta de competencia-, no ha servido para nada. Ahora, esta norma “supuestamente de seguridad” logra retornar a la situación anterior sin contradecir a los jueces. Otra vez, las compañías pueden negar que un pasajero acuda al avión con su propia bebida. Hecha la ley, hacemos la trampa. ¿No creen que ante los agentes de seguridad bastaría con beber parte del líquido delante suyo para hacer ver que no es un explosivo ni una sustancia tóxica? ¿Acaso se han inventado los explosivos potables? Pues no, precisamente los que se pueden pasar son aquellos que no se pueden beber. O sea, que el evidenciar que no son peligrosos no es lo relevante… Y se supone que van de eso las normas de seguridad…

- Esa combinación de los 100 mililitros y nuestros supermercados entran sospechosamente en conflicto. Los desodorantes más pequeños duplican ese volumen. Pero nosotros necesariamente viajamos con productos de higiene. No es plan ir por Budapest en busca de un supermercado… y eso cuando el retraso del avión no te lo impide. Así que tendremos tres opciones:
a) Comprar en el súper el nuevo formato que a buen seguro sacarán los fabricantes, de 100 ml, casualmente más caro porque está destinado al público volador.

b) Abandonar nuestros elementos de higiene y comprar (oh, qué conveniente) desodorantes y jabones en las tiendas del propio aeropuerto, con esos precios populares que las caracterizan.

c) Facturar una bolsa con nuestro neceser, lo que –en la mencionada filosofía de Ryanair- está doblemente castigado: por facturar maleta (facturar es innecesario… hasta que te obligan) y por no haber avisado (si, es difícil avisar cuando te han obligado a facturar en el propio aeropuerto).

- En las tiendas del aeropuerto, es otro cantar. Me quitan el cortaúñas, pero se pueden comprar las botellas de cristal que considere conveniente. Eso sí, protegidas por una bolsa de plástico, que es el súmum de la protección a la hora de convertir un envase caro en una botella cortante.

¿Entienden ahora por qué los partidos políticos se dan de dientes por la gestión de los aeropuertos? ¿Verdad que es para estar orgullosos?