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11 junio 2007

Alarma europea ante la carestía y escasez de las materias primas

Son sólo 28 minerales, considerados por los expertos como imprescindibles para el funcionamiento de la economía mundial. Algunos, tan familiares como el cobre o el estaño. Otros, de nombre casi voluptuoso como niobio o berilio, han ganado importancia gracias al desarrollo de nuevas tecnologías. Y todos, por desgracia para Europa, parecen hallarse fuera de las fronteras comunitarias.

Hasta ahora, los países desarrollados disfrutaban de un acceso casi exclusivo y barato a esos recursos. Pero la emergencia de economías como China, India o Brasil ha convertido esas materias primas en un bien preciado y escaso. Y el riesgo de un schock comparable al que provocó en los años 70 la escalada de la cotización del petróleo ha disparado las alarmas en Bruselas, Washington o Tokio.

El grupo de Alto nivel que asesora a la Comisión Europea en materia de competitividad tiene previsto presentar hoy mismo sus recomendaciones para una política comunitaria que garantice el acceso de la industria europea a unos recursos insustituibles.

El G-8 también aprobó la semana pasada la convocatoria de una cumbre mundial para velar por la transparencia de los mercado de metales. Los líderes de las ocho naciones más industrializadas del planeta pidieron a los países productores 'que se abstengan de restringir el comercio o de distorsionar la competencia en contra de las normas de la Organización Mundial de Comercio'.

Pero las razones para inquietarse no son igual de graves entre todos los países desarrollados. EE UU, por ejemplo, es el segundo productor mundial de molibdeno (utilizado para aumentar la resistencia del acero) o de renio (útil en aleaciones a alta temperatura).

Por el contrario, la UE cuenta con pocos yacimientos rentables. Sólo es líder mundial en mercurio, un material que se quiere abandonar por razones medioambientales. Y su producción de cobre, níquel o zinc, en cambio, no supera el 5% de la extracción mundial de esos minerales.

El departamento comunitario de Industria, que dirige el comisario Gunter Verheugen, teme las consecuencias geopolíticas de esa dependencia. 'Europa está cada vez más expuesta a la agenda política de sus proveedores', alerta ese departamento en un informe aprobado la semana pasada.

Bruselas advierte, además, que los países productores pueden comenzar a explotar su control de unos recursos esenciales. La experiencia del cartel del petróleo (en torno a la OPEP) y el riesgo de uno similar en el gas puede trasladarse a otros productos. Y la tendencia de Rusia a utilizar sus recursos naturales como arma de política exterior puede sentar un peligroso ejemplo para otros productores.

La tentación puede ser difícil de resistir porque el 40% de las reservas de 22 de los 28 minerales más importantes para la economía se encuentran en países donde la renta per cápita no pasa de seis euros y medio al día.

Pero incluso sin la regulación de la oferta por parte de los productores, la sed de recursos puede colocar en dificultades a los países europeos. Bruselas calcula que, si se mantiene el ritmo actual, el consumo mundial de materias primas minerales se multiplicará por cuatro en sólo 20 años. El previsible aumento del precio puede disparar el déficit comercial de la UE en este terreno, que supera los 11.000 millones de euros anuales.

Cuando la ecología se adelanta a la excavadora

La escasez de metales en la UE no ha impedido la existencia de una importante sector minero que factura, según datos de la Comisión Europea, unos 40.000 millones de euros anuales y genera más de 250.000 puestos de trabajo. Y en algunos minerales industriales como, feldespato, caolín, magnesita o sal, la UE figura entre los tres mayores productores del mundo.

La competitividad del sector, sin embargo, se enfrenta a serias amenazas. Entre ellas, según la información recabada por la CE entre las empresas, la existencia de un marco regulador horizontal (sobre todo, en materia de medio ambiente) que no se concibió tomando en cuenta las circunstancias de la industria minera.

El 12% del territorio comunitario se encuentra protegido por el programa de conservación medioambiental conocido como Natura 2000 (en España, el porcentaje se eleva al 22,6%). Aunque esa legislación no excluye per se la actividad minera, algunas compañías consultadas por Bruselas aseguran que se les ha revocado el permiso de extracción o han tenido que demostrar la 'inocencia' de su actividad.

Respecto a España, algunas compañías mineras aseguran que la designación de zona protegida se hizo en algunos casos con el único objetivo de impedir la extracción de minerales aunque el lugar no tuviera un especial valor medioambiental. Las empresas también se quejan de las diferencias de criterio que existen entre las comunidades autónomas.