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17 diciembre 2006

¿Arriesgarse o dejarse asesorar?

Los asesores financieros pueden anteponer sus intereses a los de los clientes. El dinero es su motivación.

Anotaba Justin Fox en su artículo 'Agentes dobles' (Fortune, diciembre de 2003) que hace tiempo una cosa quedó clara: "esos intermediarios no siempre llevan los intereses de sus clientes en el corazón. Pensándolo bien, ¿no sería extraño que así fuera? Al fin y al cabo tienen necesidades, esperanzas y sueños propios; y lo más obvio, hacer dinero es su motivación."

El origen del problema es que son agentes de empresas, que actúan a nombre de ellas con cuotas por cumplir. Muchas veces su trabajo es adecuado pero muchas otras no, por el sencillo hecho que con frecuencia sus intereses y los de sus clientes no están alineados debido a inevitables conflictos de interés.

Para Warren Buffet, de acuerdo con su último reporte, mediante este mecanismo en su país los propietarios transfieren a los intermediarios el 20 por ciento de la utilidad total.

¿Y los yates de los clientes en dónde están? es el título del libro escrito en 1940 por Fred Schwed. Un ingenuo visitante formulaba la pregunta durante su visita a Nueva York cuando el guía señalaba los bellos yates en el muelle, pertenecientes a comisionistas y banqueros de Wall Street.

A todas éstas me comentaba alguien: ¿y es que usted se contenta con el retorno del mercado? Es cierto que a última ahora los académicos decidieron que éste no es tan eficiente. Se ha probado que inversionistas hipereducados y muy hábiles, apoyados en disciplinas múltiples y programas con algoritmos avanzados, en forma bastante consistente lo logran superar. Pero conscientes de la dificultad, diferente es la receta que esos seres privilegiados formulan al ahorrador: diversificación, fondos indexados, mínimo movimiento.

Ante tales argumentos, se pregunta Justin Fox, ¿deben descartarse los asesores financieros? Pensándolo bien, la respuesta no es inminente. Hay razones de peso para buscar ayuda profesional en el manejo del dinero. Ensamblar un portafolio es sencillo, hacerlo personalmente resulta más barato, desaparecen los conflictos: al fin y al cabo se puede confiar en que uno mismo va a actuar en su propio interés. Suena lógico. ¿O quizás no?

La noticia negativa se produce cuando otorgan al psicólogo Daniel Kahneman el Nobel de economía por andar identificando sesgos mentales comunes a los humanos, "posiblemente remanentes evolutivos", escribe el periodista, "de épocas en que dedicábamos gran parte de nuestra energía a evitar ser devorados por el tigre". De ellos hacemos gala al involucrar nociones de probabilidad y riesgo en la toma de decisiones financieras, la esencia misma de invertir. Existen factores innatos que nos llevan a comprar caro y vender barato, a saltar de un lado a otro, a comportarnos irracionalmente en un proceso de autodestrucción.

15 diciembre 2006

El 65% de los inversores españoles dice saber qué hará el Ibex

Dos tercios de los españoles, un 65%, piensa que puede predecir con éxito los movimientos del mercado, alarde típico de un país con tantos seleccionadores de fútbol como habitantes. Paradójicamente, sólo un 24% reconoce que invierte con éxito.

Esta es la conclusión de una encuesta global realizada por la gestora estadounidense Alliance Bernstein -antigua ACM Funds- entre 9.600 personas de todo el mundo. De esta cifra, 300 son inversores españoles con un patrimonio invertible superior a 40.000 dólares, unos 30.000 euros.

La encuesta refleja que sólo el 26,75% de los sondeados españoles conoce los principios básicos de la inversión. Esta cifra se extrae de la media de respuestas positivas para cada uno de los principios, siendo el más conocido la importancia de tener en cuenta el resultado global de la cartera (un 43%) y la apuesta por activos negativamente correlacionados el que menos (un 18%).

'Un 80% de los encuestados no aplica ninguna estrategia de distribución de activos porque no sabe cómo hacerlo', explica Beatriz Barros de Lis, directora general de Alliance Bernstein en España.

Un 75% de los españoles se considera más ahorrador que inversor, la proporción más elevada del mundo junto con los inversores japoneses. El 80% del patrimonio invertido en fondos, por poner un ejemplo, está invertido en activos sin riesgo.

Los españoles, además, tienen un conocimiento limitado de conceptos financieros como tasa de rentabilidad anualizada (sólo un 6% la conoce), precio partido por los beneficios o PER (un 7%), apreciación de capital (un 8%), comisión de distribución (un 9%) o dividendos (un 15%).

Los activos que más conocen y entienden los españoles son los fondos de renta fija, los bonos y los activos del mercado monetario, mientras que apenas un 17% entiende cómo funcionan las acciones y un 14% los fondos de renta variable. Apenas un 4% sabe lo que son los hedge funds o fondos de inversión libre.

Alliance Bernstein saca algunas conclusiones de la encuesta, como que en España no existe un verdadero canal de asesoramiento a los inversores debido a la bancarización extrema del mercado de fondos.

La apuesta de los bancos por vender productos de bajo riesgo es una de las razones por las que los inversores no conocen los principios básicos y los beneficios de invertir a largo plazo.

Es esencial, según Alliance Bernstein, dar prioridad a la educación y a la comunicación para fomentar la planificación financiera a largo plazo, evitando en ese esfuerzo usar un lenguaje muy técnico.


Mi comentario: Como dice Wis, "Los españoles sabemos de todo desde que el mundo es mundo, pero en tres especialidades sobresalimos ; a saber: Medicina, fútbol y bolsa."


22 noviembre 2006

Lunar Cycle Effects in Stock Returns

During the 15 days of the lunar month closest to the new moon — starting seven days before it and ending seven days after — the stock market’s average returns are much higher than those of the other half of the month.

The differences are quite large — as much as 10 percent a year, on average, depending on the stock index and the number of decades studied — and they are pervasive.

“if anything, the results are more pronounced for foreign countries.”

New moons and full moons do not occur on the same days of each month in the modern Western calendar. That is important, because it means that the stock market’s lunar cycle is not a disguised version of any other seasonal pattern based on that calendar.

A full moon, for example, increases our tendency to feel depressed and pessimistic, so investors may be more inclined to stay out of the stock market at or near that time.

The lunar effect appears strongest for the smallest-cap stocks — a finding that raises the researchers’ confidence in their psychological explanation. After all, according to Professor Zheng and her colleagues, relatively few institutional investors hold such stocks, and individuals are more likely to be affected by the lunar cycle

The strategy would succeed only about 60 percent of the time. Though that’s enough to make it profitable in the long term, you’d have to tolerate losses 40 percent of the time.

12 noviembre 2006

Aprender de los errores

Primero

Conozcamos las reacciones menos convenientes ante el error:
  • La consideración sistemática, en ocasiones de forma patológica, de ser responsable de todos los errores que se cometen desemboca en profundos sentimientos de culpabilidad y poca autoestima.
  • La creencia de que son los demás quienes tienen la culpa de los errores significa no hacerse responsable de los actos.
  • La negación del error nos separa de la realidad y puede llevarnos a perder las riendas de la vida.

Segundo

Preguntémonos el por qué del fracaso.
  • Un fracaso se puede producir por errores de cálculo en las propias pretensiones: se esperaba tener más capacidad de la real para conseguir la meta.
  • Puede no haberse previsto dificultades en el entorno que podían obstaculizar los logros.
  • Otras personas pueden intervenir de forma deliberada para que el fracaso se produzca.
  • O el fracaso es una sensación personal, producto de la convicción íntima y secreta de que uno se ha decepcionado a sí mismo.

Tercero

Aprendamos a gestionar en el ámbito social el propio fracaso.
  • Si se oculta, conviene que seamos conscientes de que es una reacción típica de defensa. Quiere evitarse que los demás conozcan los puntos débiles.
  • Si se exhibe, se busca compasión. La ostentación de los errores es una fórmula de seducir a los otros.
  • Si se comunican, se busca aceptación y ayuda.

A la larga, son mejor consideradas aquellas personas que no han tenido ningún inconveniente en reconocer públicamente sus fracasos y puntos débiles cuando esa manifestación se ha hecho de manera equilibrada: sin esconderlo y sin presumir.

Cuarto

Interioricemos los fracasos como parte esencial y necesaria del proceso de evolución personal.
  • Ante un fracaso, el lamento es comprensible, pero después conviene reflexionar por qué se ha producido y qué consecuencias está teniendo en nuestra vida. A partir de ahí, se pueden buscar las soluciones y las alternativas.
  • Hay que reivindicar los errores y los fracasos como un derecho del ser humano y como elementos necesarios para el aprendizaje.
  • Conviene adquirir el hábito de hacer autoevaluaciones frecuentes sobre la propia vida para valorar con justicia no sólo nuestros fracasos, sino también los logros. El recuento con éstos es un factor que ayuda a compensar las desilusiones.
  • Es recomendable buscar una adecuación justa entre el concepto que se tiene de uno mismo y lo que uno realmente es. Para realizar ese ejercicio suele ser conveniente contrastar los puntos de vista propios con los de alguna persona cercana o con la intervención de un profesional adecuado.
  • Cuando la sensación de fracaso es reiterada, global y tan profunda que sume a la persona en la depresión y la falta de ilusión por vivir, conviene buscar la ayuda de profesionales de la psicología.